“Ella le rechaza”, explicó uno de ellos. “¡Diablos! A mí me gusta Claudia. En el trabajo es una gran chica y la invité a salir, pero nada más algo empieza a cuajar, ella queda helada y el mensaje es muy claro. No tocar. No quiero nada. ¿Quién necesita eso?
¿Quién, en realidad? ¿Quién es capaz de ver a través de la fachada prohibitiva de Claudia la mujer cálida y apasionada subyacente?
Claudia, temerosa del rechazo, rechaza primero ella misma, antes de que algo se haya desarrollado. De este modo nunca se siente herida. Nunca es rehusada, porque ella rehúsa primero.
¿Conducta estúpida? Tal vez, pero eficaz si el ser rechazado es la peor cosa en el mundo que le puede ocurrir. Para Claudia lo es. Así que, antes que jugársela, vivirá sus días en soledad.
El Lenguaje del Cuerpo – Julius Fast
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