Por un país menos hipócrita
Posted by Florencia Lewis | Filed under Las Cartas sobre la mesa, Periodismo Digital 2, Yo contra el mundo
Mirando y mirando los noticieros uno siempre se encuentra con acontecimientos que no son de nuestro agrado, y siempre están aquellos que refieren a un robo, a una violación, al tráfico de efedrina, a un asesinato por encargo y un montón de delitos más.
Pero lo que me hizo empezar a pensar en profundidad el tema de la “inseguridad” fue la polémica desatada con las declaraciones de Susana Giménez tras el asesinato de uno de sus colaboradores: “el que mata debe morir” “me cansé de los derechos humanos para los delincuentes”.
Imagen tomada de la galería de Se prohíbe callar
A partir de ese momento, los periodistas se encargaron de sacar de contexto estas frases para dar lugar al debate acerca de si se debe implementar la pena de muerte o no en nuestro país; y ni hablar de las “celebridades” que salieron a defenderla o a criticarla. También se armaron marchas contra la inseguridad, grupos en Facebook y se escribieron miles de palabras al respecto en los diarios y revistas. Y todo esto me hizo pensar.
Sin embargo, sigo sin entender algo… nos quejamos constantemente de los robos (por dar un ejemplo) pero nosotros como sociedad también cometemos delitos, por más que no quieran asumirlo.
¿Cuántas veces nos colgamos del cable, compartimos Internet con los vecinos, encontramos un celular y no lo devolvemos? ¿Cuántos hay que se cuelgan de la luz, que evaden impuestos; y quién sabe que otras avivadas criollas más habrá? Estas, a mi forma de ver, son distintas formas de robar… y aunque encontrarse un celular sea tentador, el mismo es una herramienta para localizar al dueño y devolverlo. Ya sé que colgarse del cable o evadir impuestos no es lo mismo que asesinar a una persona, pero creo que la idea está, robar tiene el mismo significado cuando hablamos de robar un local de ropa y cuando hablamos de robar cable.
Muchos dirán que las empresas que proveen el servicio de Internet son estafadoras, o son una porquería porque el servicio es malo, pero no creo que eso nos haga merecedores de no pagarlo. Es lógico pensar “si yo pago por un servicio bueno, eso es lo que espero”, estoy totalmente de acuerdo; pero no quita que no me parezca incorrecto robar la señal.
Entonces, pregonamos por la seguridad de nuestros hogares, acusamos en los medios que nuestro local fue robado 35 veces en 4 meses, pero sin embargo nuestro local no paga impuestos y tenemos a un empleado en negro. Y si bien estos delitos no se hacen con un arma en la mano, son delitos al fin y debemos hacernos cargo de ello.
El problema abarca a todos los estratos sociales y no sólo es una cuestión de educación. Es un problema de raíz: nos parece que está bien robar cable, pero cuando nos tocan nuestras cosas ponemos el grito en el cielo… ¿no seremos demasiado hipócritas, quizás? ¿Hasta qué punto es posible cambiar la idiosincrasia de un país cuando está tan arraigada? ¿Es posible cambiar?
Claro que sí.
Para poder cambiar lo que está mal, debemos empezar a cambiar nosotros, los grandes cambios empiezan siempre por un cambio pequeño. De a poco se puede mejorar, sólo hace falta un poco de voluntad y aceptar que estamos obrando mal. Llevará mucho tiempo y quizás nunca cambiemos, pero está bueno que empecemos a reflexionar al respecto.





El estado ausente les roba el futuro al la gente indigente q no teine un futuro, hablamos de la inseguridad como un problema de los otros como si no fueran los escluidos por el sistema victimas y no los “culplables”, y como los medios manipulan la informacion es otra cosa q estaria bueno te pusieras a investigar flor! muy buen post. coincido ideologicamente con tu desarrollo.
Flor, estoy en parte de acuerdo con vos. Sin embargo no es un dato menor ni debe pasar desapercibido esto de “colgarse del cable (…) no es lo mismo que asesinar a una persona”. Es decir, creo que esa diferencia marca el punto de quiebre entre aquello que la gente conciente o inconcientemente permite, o no.
Si debo ser generalista, simplista, o descaradamente ideológico, podría decirte que lo gracioso es que muchos de aquellos que hoy piden la muerte de los criminales, o muchos de aquellos que organizaron las marchas por la inseguridad (que gracias a Dios fueron pocos, eso al menos habla de una mínima conciencia histórica) son aquellos que en su momento -y algunos hasta el día de hoy- dijeron “Por algo se los habrán llevado” haciendo referencia al no desestimable número de 30.000 desaparecidos en nuestro país. Esa seguridad es una seguridad de gente “bien”, no es una seguridad completa, no es una seguridad inclusiva, no es una seguridad solidaria. Es una seguridad que segrega, excluye y discrimina a todos aquellos que entran bajo el camaleónico título de “sujeto peligroso”.
Volviendo a lo anterior, la diferencia no es para dejarla de lado. Y te explico -según mi modo de ver las cosas- por qué:
1) Todas las instituciones de nuestro país, sean las grandes empresas, sea el Estado, carecen de legitimidad….
2) No hay un “damnificado” real, tangible, o cercano en el hecho de no pagar los impuestos, colgarse del cable o exceder el límite de velocidad.
3) No es posible que haya conciencia de “defensa del Estado” o de “defensa de las empresas” cuando el pueblo argentino históricamente se ha sentido violado por éstos.
El punto de quiebre lo marca el desequilibrio que existe en América Latina entre legalidad y legitimidad: “¿Por qué no le voy a robar a alquien que me roba? ¿Por qué voy a pagarle a un Estado que no me brinda la educación, la salud, y la seguridad que me promete?” Vivimos en un Estado que pretende cobrar los impuestos de Finlandia, pero por otro lado no brinda toda la infraestructura social que en teoría debería proveer. Somos esclavos de empresas que brindan servicios de calidad “sudaca” pero pagamos a precios Europeos. Entonces, no, no se trata simplemente de viveza criolla, se trata de gente que está sumamente cansada de que le metan el dedo en el c**o y empieza a “sobrevivir” sin querer ayudar a nadie más que a su familia. No podemos pretender solidaridad en un país en el que la mayoría lucha todos los días por sobrevivir.
Y es por eso, fundamentalmente, que no es PARA NADA lo mismo robar cable que asesinar una persona. El Estado es “culpable”, la empresa es “culpable”; pero aquella persona a la cual le meten un balazo en la cabeza para sacarle 700 pesos es completamente inocente. Es una persona que seguramente vivía su vida de la mejor manera que podía, laburando para vivir -o sobrevivir- junto con su familia.
Y otra cosa que hace explotar a la gente es la “inseguridad”, pero en su sentido más literal siendo justamente ése el problema. “No estar seguro” de si vas a volver a tu casa. Hace 10 años quizás todos sabían que si ibas a tal o cual lugar corrías peligro. Sabías. Hoy al balazo en la cabeza te lo pueden dar en Villa Maldonado, en Nueva Córdoba, en Recoleta, o en Olivos. La gente que antes estuvo *acostumbrada* (y resalto ésto considerando que los de la marcha contra la inseguridad son “gente bien”) a no tener miedo por su economía, por su familia, o por su propia vida, hoy no sabe si vuelve a su casa. Y éso molesta. Andá a preguntarle a alguien de Villa Libertador si hoy cree que hay más inseguridad. Claro que no. Lo que pasa es que entre la “pérdida de códigos” (matar por cualquier cosa), las “drogas”, y la brutal violencia simbólica que existe en nuestra sociedad, la inseguridad dejó de ser un blanco claro.
Por ejemplo, compará las diferencias en términos de política y seguridad internacional en la época de la Guerra Fría y ahora, en la época del “terrorismo” pasamos de tener un enemigo claro, definido, contenido, demarcado, etc, a tenerlo a la vuelta de la esquina, o de profesor de nuestros hijos, o de cura de nuestra iglesia, o de jardinero de nuestros patios. Éso es lo que le molesta a esta gente, puntualmente. No que haya más robos, asaltos, muertos, o pobres, sino que vayan a molestarlos a ellos. Que se hayan mezclado, que los hayan invadido, y que los hayan obligado a cambiar su estilo de vida para pasar a vivir “sin estar seguros” acerca de su propia seguridad y la de sus familias.
En síntesis, si, estoy de acuerdo, pero las bases de legitimidad de las instituciones (en sentido amplio) están sumamente corroídas, cuando por el contario el derecho a la vida de un ser humano va a ser siempre legítimo por definición.
Hoy leí un post de una blogger alemana a la que sigo (http://blog.mareenfischinger.com/post/93847447/then-as-we-were-on-the-bridge-all-of-a-sudden-a) en donde contaba que mientras ella y su hermano estaban sacando fotos en un puente, una chica que estaba manejando frenó y comenzó a tener lo que aparentemente era un ataque de pánico dentro de su auto.
El hermano de esta chica fue corriendo al vehículo y al enterarse que tenía miedo a las alturas, entró al auto y condujo hasta el final del puente.
Lo que acabo de contar no es nada del otro mundo, pero me llamó la atención porque me dio la sensación de que acá este tipo de cosas no pasarían jamás.
Acá, nadie le preguntaría a la pobre mujer si se encuentra bien. Los que esperan en el auto se limitarían a putearla y tocar bocina, y con la inseguridad que hay, mucho menos la mujer dejaría que un desconocido le maneje el auto (¡aún en estado de pánico!)
No sé, ojalá las cosas fuera distintas… qué sé yo, hoy me dieron ganas de vivir en Düsseldorf
Más de acuerdo con vos, imposible!
También podemos agregar los que critican a la empresa Crese, y que no saben separar entre reciclables, basura orgánica; o directamente tira su basura a un baldío. También incluyo en esta categoría a los que no esperan a encontrar un tacho o bolsa donde tirar el boleto de colectivo o un papel de golosina, directamente lo tiran en la vereda. En una palabra, son unos mugrientos de mierda que se cagan en el medio ambiente.
Saludos!
Comparto en gran parte lo que decís. Me gustó el post.